Por : Vittorio Badoino Rivera
Febrero de 1987: un viaje con mis viejos.
Hay viajes que uno recuerda por los lugares que visitó. Otros, en cambio, se quedan guardados por las personas con las que los vivió.
En febrero de 1987 hice uno de esos viajes con mis viejos y con Aldo, uno de mis hermanos. Han pasado casi cuarenta años, y hoy, al encontrar nuevamente los álbumes de aquella época, comenzaron a aparecer imágenes que tenía guardadas en algún rincón de la memoria.
El viaje comenzó en Arica.
Desde allí seguimos hacia Iquique y después continuamos hasta Santiago. Recuerdo también Valparaíso y Viña del Mar. Era otra época, otro ritmo de viaje, otra manera de mirar el mundo. Las fotografías que hoy vuelvo a encontrar tienen ese aire de los años ochenta: los autos, la ropa, las calles y, sobre todo, nuestros rostros mucho más jóvenes.
Pero el viaje todavía tenía mucho por delante.
Recuerdo que desde Santiago hicimos un trayecto en tren hacia el sur, hasta Osorno. Para mí, aquel viaje en tren también forma parte de la aventura. Atravesar Chile hacia el sur debió ser una experiencia completamente distinta a lo que conocíamos.
Después vino la parte que con los años se ha vuelto casi una película fragmentada en mi memoria.
Tomamos un bus y luego comenzaron los barcos. Pasamos por Puerto Varas y por otros lugares cuyos nombres hoy no recuerdo con exactitud. Durante mucho tiempo quedaron solamente las imágenes: el agua, las montañas, los bosques, los barcos y nosotros avanzando hacia el sur.
Hoy, buscando información, descubrí que aquel recorrido correspondía al antiguo Cruce de los Lagos, la ruta que comunicaba Puerto Varas con Bariloche atravesando la cordillera. El itinerario pasaba por lugares como Petrohué, Peulla, Puerto Frías y Puerto Blest, combinando buses y navegaciones por los lagos Todos los Santos, Frías y Nahuel Huapi.
Y entonces algunas imágenes del álbum comenzaron a tener sentido.
Quizás aquella fotografía frente al lago que durante tantos años fue simplemente “una foto del viaje” pertenece justamente a alguno de esos lugares.
Lo curioso de recuperar estas fotografías tantos años después es que uno no solamente vuelve a ver los paisajes.
Vuelve a verse a sí mismo.
Veo a mis viejos, mucho más jóvenes. Veo a Aldo. Y me veo a mí mismo en aquel febrero de 1987, sin imaginar que algún día estaría mirando esas mismas fotografías casi cuarenta años después, tratando de reconstruir el recorrido con los recuerdos que todavía permanecen.
El destino era Bariloche.
Pero ahora pienso que el verdadero viaje no terminó cuando llegamos.
De alguna manera, continúa cada vez que vuelvo a abrir estos álbumes.

























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